Sarkozy

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Nicolas Sarkozy rindiendo pleitesía en los circulos imperiales de la Nueva Roma (sans M. Sarkozy!)
POR IGNACIO RAMONET

Fascinados por su inspiración y su brío, como niños antaño encantados por el flautista de Hamelín, varias personalidades de todos los ámbitos han sucumbido a la magia de Nicolas Sarkozy. Tanto más cuanto que los grandes medios de comunicación, dedicados a una operación de intoxicación masiva, no han dejado de glorificarlo. Se ha producido así, en Francia, una suerte de hipnosis colectiva ante un Presidente poseído por una hiperactividad desconcertante y una efervesencia de iniciativas a menudo vaporosas.

Los ojos comienzan a abrirse según se va develando la verdadera naturaleza del prestidigitador, liberal y brutal. Era claro desde los primeros anuncios económicos y sociales (régimen tributario para las altas rentas, escudo fiscal, derechos de sucesión, franquicias médicas, horas extras) fieles a la esencia misma del neoliberalismo. Y se hizo aún más evidente desde las alocuciones de Sarkozy en la Universidad de verano del Movimiento de las Empresas de Francia (Medef), el 5 de septiembre, y con ocasión del 40 aniversario de la Asociación de los Periodistas de la Información Social (AJIS, en francés), el 18 de septiembre (1).

“La prioridad -juzga Sarkozy- es tratar la cuestión de los regímenes especiales de jubilación” que hay que “reformar sin demora” porque “las diferentes situaciones que justificaban tal o cual ventaja particular creada antes de la Segunda, o incluso de la Primera Guerra Mundial, han desaparecido ampliamente”. La reforma se propone conseguir una nueva prolongación del periodo de cotización de los asalariados a 41 contribuciones anuales, frente a los 40 de la actualidad (2).

También anunció la apertura de un “gran debate sobre el financiamiento de la salud” pues, según él, “el seguro médico no tiene vocación de hacerse cargo de todo”. Una parte debería “depender de la responsabilidad individual por medio de una cobertura complementaria”. En otros términos, un seguro privado individual, a cargo del paciente, como en Estados Unidos donde desde hace 50 años millones de personas están desprovistas de cobertura médica (3).

El Presidente reafirmó su intención de “ir más lejos” en la demolición “ineludible” de la reglamentación sobre la duración semanal del trabajo, fijada en 35 horas. Agregó que deseaba la supresión del sistema de las pre-jubilaciones. Y que tenía la intención de definir “procedimientos y sanciones, a la vez más eficaces, más firmes” contra los desempleados que rechazen dos ofertas de empleo.

Un ataque tan frontal contra las conquistas sociales es, por así decirlo, inédito, y las fuerzas de izquierda no se equivocan cuando denuncian “la más amplia ofensiva anti-social de los últimos cincuenta años” (4).

Definida el 27 de agosto, ante la Conferencia de los embajadores de Francia, la nueva línea en materia de política exterior deja estupefactos. En lo que concierne a Oriente Próximo, constituye una revolución copernicana respecto de la posición internacional de París, tal como la había establecido el General De Gaulle, desde 1958, cuando se fundó la V República.

Al confirmar su alineamiento con el presidente George W. Bush y con las tesis más duras de los neoconservadores, Sarkozy adopta por su cuenta la idea de que el “primer desafío, sin duda uno de los más importantes” al que debe hacer frente Francia es a “una confrontación entre el islam y Occidente”. Independientemente de lo absurdo que resulta plantear el problema en estos términos, ni una palabra sobre los errores de Washington, o sobre el efecto de deterioro provocado por la ausencia de solución en el conflicto palestino-israelí.

Respecto a Irán, sus posiciones están tan calcadas de las del Departamento de Estado que el ministro de Relaciones Exteriores Bernard Kouchner ha declarado que la guerra contra Teherán es un opción factible. Como preparación para ello el ministro de Defensa Hervé Morin da a entender que Francia podría recuperar con plenitud su lugar en el seno de la estructura militar integrada de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Táctico talentoso y maestro maniobrero, Sarkozy ha demostrado estas últimas semanas, al aventurarse en el campo social y en el de la política exterior, que no tiene nada de estratega. No sabe ver más allá de lo inmediato.

Notas:
(1) Texto integral de ambos discursos en el sitio oficial de la Presidencia de la República Francesa: www.elysee.fr
(2) En España son necesarias 35 anualidades.
(3) Veáse, al respecto, el documental de Michael Moore, Sicko .
(4) Associated Press, 18 de septiembre de 2007.

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